Del verde ecologista al gris corrupto: cómo Jasmin Bugarín convirtió el PVEM nayarita en su feudo personal y blindado.

El Partido Verde en Nayarit: bajo el control de Jasmin Bugarín, un historial de presiones, conflictos internos, cuestionamientos éticos y opacidad patrimonial.

Por Ricardo Reyes.

El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Nayarit ha quedado prácticamente reducido a una estructura personalista bajo el dominio de la senadora Jasmin María Bugarín Rodríguez, quien desde hace años concentra el poder dirigencial y las candidaturas importantes en la entidad. Este control ha generado crecientes críticas por prácticas autoritarias, expulsiones selectivas, uso instrumental del instituto político y, sobre todo, un crecimiento patrimonial inexplicable que ha levantado sospechas de corrupción y enriquecimiento ilícito.

Lo que alguna vez se presentó como una fuerza “ecologista” con discurso de juventud y renovación, se ha convertido en un vehículo de ambiciones personales. Bugarín, quien asumió roles clave como dirigente estatal y ahora senadora de la República, ha sido señalada en múltiples ocasiones por presionar a militantes y cuadros para que se subordinen a su liderazgo o enfrenten represalias. Uno de los episodios más documentados ocurrió en Tecuala, donde la exdiputada local Irma Lora abandonó el PVEM denunciando públicamente malos tratos, represalias y presiones directas atribuidas a Bugarín y su círculo cercano. Lora migró a Morena argumentando que no podía continuar en un partido donde las decisiones se tomaban de forma vertical y punitiva.

A lo largo de su trayectoria, la senadora nayarita ha enfrentado diversas denuncias y procedimientos ante instancias electorales (tribunales y el IEEN), incluyendo señalamientos por presunta culpa in re illicita en conflictos partidarios, irregularidades en designaciones internas y uso indebido de recursos o influencias para mantener el control del comité directivo estatal. Sin embargo, uno de los aspectos más opacos y controvertidos es el crecimiento vertiginoso de su fortuna económica, calificado por críticos y medios independientes como “inexplicable”. Reportes periodísticos han destacado que, durante su ascenso político —de diputada local a federal y ahora senadora—, Bugarín declaró un patrimonio superior a los 80 millones de pesos, incluyendo propiedades y vehículos de alto valor, sin que se haya explicado de manera convincente cómo una trayectoria pública de ingresos modestos pudo generar tal acumulación. Estas revelaciones han alimentado acusaciones de posibles actos de corrupción, desfalco o tráfico de influencias, aunque ninguna investigación formal ha prosperado hasta el momento.

Otro punto negro en su gestión es el rompimiento y confrontación abierta con diversos medios de comunicación locales y regionales. Periodistas y casas editoriales han denunciado un trato hostil, bloqueos informativos y presiones para limitar coberturas críticas sobre su figura o el PVEM nayarita. En lugar de fomentar el diálogo, Bugarín y su equipo han optado por ignorar o descalificar a la prensa que cuestiona irregularidades, lo que ha generado un clima de opacidad y desconfianza. Este distanciamiento ha sido interpretado como una estrategia para evitar escrutinio sobre temas sensibles como el manejo de recursos partidarios o el origen de su riqueza.

A pesar de que el PVEM forma parte de la coalición gobernante con Morena y PT —y que recientemente encuestas lo colocan con Bugarín liderando preferencias rumbo a 2027—, muchos analistas y militantes de base consideran que el partido en Nayarit ha perdido toda credibilidad ambiental y se ha transformado en un apéndice pragmático al servicio de una sola figura política. Lejos de impulsar agendas ecológicas reales, el énfasis se ha puesto en la acumulación de cargos, en la construcción de una imagen personal de cara a una eventual candidatura al gobierno del estado y en blindar cualquier cuestionamiento a su patrimonio o métodos de control.

En las calles de Tepic y varios municipios, el Partido Verde ya no se percibe como opción ideológica, sino como sinónimo de lealtad ciega a una lideresa que, según críticos, prioriza el control absoluto, el enriquecimiento personal y el silencio mediático sobre cualquier principio programático. Mientras Jasmin Bugarín aparece en encuestas y redes sociales como figura en ascenso, el saldo interno es claro: división, salidas masivas de cuadros, descrédito ético y un velo de opacidad que podría costarle caro al instituto político si no corrige su rumbo autoritario y poco transparente.

El PVEM nayarita, a manos de Bugarín, parece haber olvidado su color verde para pintarse de un gris cada vez más opaco y cuestionable.

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